Relatto | El cuento de la realidad
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Finalmente Reparadas fue declarada de interés cultural por el Consejo de Rosario, Venado Tuerto, Cámara de Senadores y Cámara de Diputados de Santa Fé. Cuenta con una representación y espacio en los museos de la memoria de La Plata y Venado Tuerto. Además, en noviembre del año 2022 obtuvo el Premio Madreselva en la ciudad de Rosario a la mejor obra teatral dramática.

Tuve la oportunidad de dialogar con tres de sus protagonistas. Carolina Boetti y Bibiana Blasón me recibieron en sus respectivos hogares, y con Marzia Echenique nos contactamos a través de llamadas. Esta entrevista es el resultado de esas charlas. 

Siendo todas ustedes actrices, entrenadas en el arte hace ya tantos años, ¿por qué decidieron presentar esta historia, su historia, en formato teatral, existiendo tal vez también la posibilidad de hacerlo a través de un documental, una película, una serie? 

MARZIA ECHENIQUE: Finalmente Reparadas surgió luego de que fuimos reconocidas por el gobierno de 2018 de Miguel Liftschitz que aceptó que durante la dictadura argentina hubo una violación a nuestros derechos humanos, que fuimos perseguidas políticas por nuestra identidad de género. Luego a una de nuestras compañeras, Bibiana, se le ocurrió crear esta hermosa obra de teatro que es una dramaturgia colectiva donde cada una, a través de un hilo conductor, cuenta un pedacito de nuestra historia, de ese terrible momento de nuestra historia. 

BIBIANA BLASÓN: La reparación de 2018 fue un hecho histórico, porque fue la primera de toda Latinoamérica que reconoce a las mujeres trans como detenidas políticas y por identidad de género. Y además nosotras también cobramos una reparación, tenemos obra social. Somos únicas en el mundo. 

Nuestro sueño en la época de la dictadura era ser artistas, pero evidentemente nos fue negado. No nos tomaban por ser trans. Era imposible trabajar en el teatro, el cine, en cualquier lado. La manera que encontrábamos para estar cerca de ese sueño era trabajar en cabarets, hacer presentaciones ahí. Entonces un día, después de que pasó todo lo de la reparación, le dije caminando con una amiga: “Esto tiene que ser una obra de teatro” y luego ocurrió. Esto tiene que quedar registrado, pensé. Y ahí charlamos con Pamela Rocchi, que en ese momento era secretaria en la Subsecretaría de Diversidad e Identidad. Lo hicimos porque pensábamos que era algo necesario y especial. Nos enganchamos todas y decidimos quiénes queríamos hacerlo y quedamos las cinco que estamos en escena. Lo pensamos como una obra de teatro porque siempre nos gustó hacer esto. Y de esa manera encontramos la forma de estar paradas arriba del escenario. Y podíamos hacer algo que antes no, porque como te dije, no nos lo permitían. El teatro tiene una magia además, una cuestión de vínculo con el público, de adrenalina desbocada. Tenés que resolver todo en el momento y eso es genial para mí. Te pone en un estado de mucha energía. Salís a escena y todo se te pasa. 

CAROLINA BOETTI: Nosotras entrábamos en una ley ya existente, que es para expresos políticos. En 2018 para tener el beneficio de esa ley teníamos que armar una causa todas las personas que íbamos a ser reparadas, todas nosotras las del colectivo, y contar el motivo de nuestros arrestos y persecución. Cada una iba a tribunales y ahí el abogado tomaba nota de las declaraciones. Narrábamos lo que habíamos vivido con mucho detalle, como si fuese un cuento. Pamela estaba trabajando ahí como secretaria de Esteban Paulón, el subsecretario de Diversidad y Género. Cuando terminó todo, y nos dieron la reparación histórica, se dio esta idea de la obra de teatro. Entonces nosotras charlamos con ella, y a Pamela le encantó la propuesta. Al principio nos citó a las once reparadas, de las cuales quedamos solo cinco, que somos las que actualmente trabajamos en ella. Yo ya venía del teatro, Marzia igual. Las cinco, cada una a su manera, tenemos un pasado con el arte, ya sea actuando o haciendo performances en boliches o cabarets de los años 80. A mí, como venía de la rama teatral, me resultó particularmente interesante la posibilidad de hacer una obra. Primero hicimos una dramaturgia colectiva entre las cinco, y cada una de nosotras contó su propia vivencia. A raíz de eso buscamos un director, que en ese momento resultó ser Omar Serra y comenzamos. Así arrancó Finalmente Reparadas, la obra. 

De izquierda a derecha: Marzia Echenique, Carolina Boetti y Katy Saenz en la mesa común de la obra Finalmente reparadas.

La obra es una no ficción, y aunque tiene momentos un poco ficcionados, lo que ustedes cuentan en el escenario es totalmente verídico, son situaciones que ustedes vivieron realmente. 

BIBIANA BLASÓN: La obra está dividida en dos partes. La parte de la casa, donde estamos hablando de lo que hemos vivido, pero esa parte para mí es ficción. Pero al hacer los monólogos, los individuales, no estamos contando nada inventado, es la pura realidad. Yo escribí mi escena y no se corrigió nada, fue mi idea y se hace tal cual. Eso es mi recuerdo, mi pasado triste, todo lo que pasé. Y como lo pasé. Es una obra autobiográfica en ese sentido. Lo que tiene, además, es que cuenta algo totalmente nuevo para quienes la van a ver. Ya lo hemos hablado, pero cuando ves que somos 5 mujeres trans en escena te imaginas risa, chistes, show de cabaret, playback, plumas y lentejuelas. Nunca vas a pensar que te vas a encontrar con esta obra de teatro, con esta historia dramática basada en lo real. Más allá de que haya momentos de risa o musical, porque hay un poco de eso. Pero es un drama de no ficción. Una mujer una vez nos dijo: “Es un vaivén de emociones”. Y yo coincido con eso.

CAROLINA BOETTI: Somos las protagonistas de una historia que nosotras mismas vivimos. Y eso es algo muy raro de ver en el teatro también. Esas auto personificaciones. Además, están basadas en situaciones reales. Todas las escenas pasaron, menos esa mesa que es donde nosotras nos reunimos en ese presente propuesto y eso si es ficción, y es algo más improvisado. Y decidimos hacer eso porque como la obra tiene tantos bajones, también sentimos que pide esa comedia y esa bocanada de aire para nivelar la performance llena de momentos feos como la persecución y violación de Marzia, o Bibiana que tiene una escena muy triste y dramática llena de fantasmas. Y lo excepcional es que algunas de esas escenas no solo atraviesan a personas de la comunidad trans, sino que gente que se encuentra fuera del colectivo también se puede ver reflejadas. No hace falta ser trans para entender ciertas situaciones de violencia que vive un ser humano, o la discriminación que hay por parte de la sociedad. 

Ese presente propuesto del que hablabamos, la reunión en la casa ¿por qué se eligió como espacio disparador de los relatos no ficcionales?

CAROLINA BOETTI: Si, totalmente. Se da porque nosotras cuando nos reunimos generalmente siempre contamos anécdotas de nuestras historias y esas cosas que vivimos. Y ahora recordamos algunas cosas y también nos reímos o lloramos, y son situaciones históricas. Por eso en la mesa también improvisamos con humor. Porque el humor un poco nos salvó en ese momento. Porque si no estaríamos resentidas, enojadas, depresivas y sin poder salir de nuestras casas. Pero siento que no nos quedó otra opción. A no todas nos pasó igual poder superar estas cosas. La salud mental de las mujeres trans después de los 50 años es muy inestable y débil. Eso porque fueron muchas cosas las que atravesamos. Y podés terminar con una demencia tremenda. Por eso recalcamos que el arte ayuda a sanar heridas. 


No hace falta ser trans para entender ciertas situaciones de violencia que vive un ser humano, o la discriminación que hay por parte de la sociedad. 

BIBIANA BLASÓN: Y porque es algo normal para nosotras vivir eso, de juntarnos y hablar cosas y anécdotas. El eje de la mesa es la celebración de lo habitacional, del logro de una de tener una casa después de todo lo que atravesamos. Ella, la dueña, invita a su grupo de amigas que vivieron lo mismo y hacen ese festejo. Por eso en uno de los relatos una de ella cuenta que vivió en un tanque de agua y se hace esa comparación con el presente de la dueña. Y de ahí el brindis al final también. Por eso también me replanteo si es una ficción. Cuando yo conseguí esta casa también invité a mis amigas. Fue una reunión alegre. 

El hecho de que sean ustedes mismas quienes actúan la obra, y hacen esas performances, le añade una gran capa de sensibilidad, transparencia y crudeza a la obra. 

CAROLINA BOETTI: Porque lo importante es contarlo desde nuestro propio lugar. Contamos lo que pasamos. ¿Quién más que nosotras sabe fielmente lo que hemos vivido? Por ejemplo, la escena de Marzia...la escena de Marzia es terrible. Y yo todo lo que ella muestra lo viví a su lado en ese momento. Lo vi. Toda esa violación, fue tan horrible, tan dramática que nos quedó grabada para toda la vida. Tanto mentalmente como físicamente. Y todo eso ¿quién más que nosotras para personificarlo y contarlo? Por eso llama tanto la atención. También Kathy cuando cuenta lo de su novio desaparecido, que ella vivía en una pensión con él, que una tarde salió, que cuando volvió él no estaba más y nunca más lo volvió a ver. Era el amor de su vida. Fue terrible. Bibiana cuando hace esa escena de los fantasmas que la persiguen, esa metáfora que es muy real, ese mensaje que da. Todo lo vivimos en primera persona, y eso es algo novedoso a la hora de ser puesto en escena. Lo hace muy muy real. 

Carolina Boetti durante su monólogo.

MARZIA ECHENIQUE: Y porque estamos vivas. Eso es lo más importante y hay que recalcarlo. Somos memoria viva. Después de todo lo que vivimos que estemos hoy sobre un escenario contando nuestra historia no es menor. Y creo que lo vamos a seguir haciendo hasta que nos dé el cuerpo. Después serán otras, ojalá, pero por ahora mientras seguimos acá vamos a continuar haciéndolo. 

BIBIANA BLASÓN: Yo no permitiría que en teatro la haga otra persona. Si fuese película puede ser. La parte de mi juventud seguro. Por una cuestión de pertenencia con la historia, es mía y yo puedo y quiero contarla y vivirla en el escenario. Narrar en carne viva. Que todos vean como viví todo eso. Otras personas vivieron lo mismo de otra manera, y tal vez no se vieron afectadas del mismo modo. Y yo creo que alguien más no podría transmitirlo como lo hago yo. Esa otra persona puede actuar, pero no va a sentir lo que yo sentí o yo siento al contarlo. Y creo que eso siempre se transmite y se proyecta. 

¿Por qué se destaca tanto que es una obra “histórica”?

BIBIANA BLASÓN: Porque somos las primeras mujeres trans que cuentan lo que han vivido. El común de la gente nunca supo lo que vivíamos nosotras. Y si lo supo no les interesó ni les importó. Como en aquella época éramos “enfermos” tal vez pensaban que nos lo merecíamos. Ahora no se ve a la homosexualidad como una enfermedad. Hay gente que ayuda a defender sus derechos, porque antes no teníamos derechos. Y hay gente que está interesada en saber lo que vivimos, y eso es importante porque estamos vivas. Aunque seamos pocas las sobrevivientes. Entonces dijimos “basta de ocultarnos”. Somos sobrevivientes de la vida. El límite de vida para una persona trans es de 35 años, y nosotras tenemos más de 60. Yo con orgullo digo que tengo 62 años. Y hablar de eso para nosotras es un orgullo. Por todo lo que implica y representa. Y también para mi es importante decir que estoy sana haciendo lo que me gusta. Es histórica justamente por eso, porque nosotras somos históricas. Somos las primeras que empezamos a hacer la lucha de visibilización de lo que pasó. 

CAROLINA BOETTI: Es histórica además porque habla de la reparación que fue única en Latinoamérica. También porque es protagonizada, como dice Bibi, por sus propias sobrevivientes. Y porque no creo que haya otra obra que relate estas historias.

Después de tantos años de silencio, de ser invisibilizadas ¿Cómo se siente para ustedes poder, finalmente, contar su historia?

BIBIANA BLASÓN: Fue una liberación total. Además, hoy hay otra realidad; la gente te “respeta”. Así entre comillas. Es como ir a constelarte o hacer terapia, pero en el escenario. Es importante para nosotras poder vivirlo de ese modo. 

MARZIA ECHENIQUE: En mi caso, personalmente, hablar de todo lo que atravesamos y todas estas vivencias, sobre los años que vivimos calladas, fue muy fuerte también porque tuve que ir a buscar hasta el último cajón de mi memoria. Abrí y saqué todo esto que yo ya tenía un poco “superado”. Pero a la vez fue constructivo. Yo digo que siempre me corrí del lugar de víctima, a pesar de que sí fui una víctima. Lo hice para usar esto, que fue el peor momento de mi vida, para que quede en una memoria colectiva. Porque nunca fuimos incluidas en esa memoria. Por eso se armó también el Archivo de la Memoria Travesti Trans de Santa Fé. Queríamos contar esas historias nunca contadas y nunca incluidas en esa supuesta “memoria colectiva”


Entonces dijimos “basta de ocultarnos”. Somos sobrevivientes de la vida. El límite de vida para una persona trans es de 35 años, y nosotras tenemos más de 60.

CAROLINA BOETTI: Es maravilloso porque también son distintos los mensajes que le llegan a diversas personas de todas partes. No solamente en un conversatorio político si no también a nivel teatral. Porque al teatro va cualquiera; familia, parejas, amigos. Y eso es lo interesante. Esa diversidad de la que nos enriquecemos todos. La obra es hermosa porque pasa por muchos estados y cuenta historias nunca escuchadas, que nunca quisieron oír porque a pesar de que nosotras hemos vivido épocas muy difíciles, en ese momento todo estaba muy oculto y silenciado. No se sabía casi nada. Esto ahora sale a la luz, la persecución y la violencia que hemos vivido. Como te conté, yo hago una escena donde me muestro exiliada y toco el tema de la prostitución, y el degrado de la prostitución, porque no fue sencillo. Nosotras éramos muy niñas, teníamos 20 años. De repente llegar a otro lugar, hablar otro idioma, con gente que no conocías, sufrir diferentes facetas de hostigamiento. No fue todo color de rosas. Tuvimos que ir, pagar a proxenetas para que nos dejaran trabajar, pagar derecho de piso, pelear con otras compañeras que estaban hace años. En mi escena cuento de la vulnerabilidad que todas hemos pasado en esas circunstancias donde muchas se volcaban al alcohol, a las drogas. Por eso yo estoy ahí destruida, tirada en el piso por el ambiente que se tornaba muy violento. Y estar lejos de tu casa, de tu familia. En una época donde no existía celular, video llamada, mensajes. Te escribías por carta como podías. Era un contexto de bastante vulnerabilidad

De izquierda a derecha: Laly Rolón, Marzia Echenique, Carolina Boetti, Katy Saenz y Bibiana Blasón, brindando por el nuevo hogar de las reparadas.

¿Cómo fue el proceso que tuvieron que hacer a la hora de elegir los momentos individuales, esas historias reales, que cada una quería interpretar en escena?

CAROLINA BOETTI: Cuando hicimos la dramaturgia colectiva entre nosotras mismas teníamos que contar nuestra propia historia o parte de ella para llevarla al teatro. Entonces escribimos cada una esa escena que queríamos representar. Y tuvimos que pensar también la ambientación, que fue todo un desafío porque llevar ciertas cosas al escenario es un obstáculo a diferencia de cómo puede ser en el cine que contás con varios ambientes. Poner la cárcel para la escena de Marzia fue todo un trabajo, por darte un ejemplo. Es todo más reducido a la hora de armar espacios. Yo arranco a contar mi historia desde los 18 años, y muestro como vivía en esa época; que tenía un novio, que era rebelde, que fumaba porro, que salía, que me llevaron presa varias veces. Después cuento que emigré, que en el exilio me robaron. También muestro cómo llego a la prostitución, la competencia en ese espacio, el degrado personal y subjetivo que alcanzás.

MARZIA ECHENIQUE: Con respecto a interpretar la escena de la violación o intento de violación, en mi caso fue un momento de mi vida que me sentí realmente vulnerada al máximo. Y elegí eso porque me parecía que era muy fuerte y constructivo a la vez visibilizar esto que nos pasó en una forma que permitiera ver a los demás hasta qué punto se llegó a vulnerar nuestros derechos. 

 BIBIANA BLASÓN: Yo quería contar lo que más me marcó. Que en mi caso fue la discriminación. Hablo de la Iglesia, de la medicina, de la sociedad y la familia. Esos son los cuatro fantasmas que todavía tengo. En todos esos ámbitos me sentí muy discriminada, objetivizada. Lo que yo te conté por ejemplo de que cuando tuve un ACV [accidente cerebrovascular] me dijeron que tenía SIDA. Y eso era mentira. Había tenido un ACV, no SIDA como decían ellos. Y yo les creí y me asusté mucho. Así que mi monólogo es la conversación con esos cuatro espectros. Y siento que otras personas se ven atravesadas por lo mismo. 

En el momento de la dictadura lo más triste es que naturalizamos todo; la discriminación, el no poder ir a trabajar, ser perseguidas, encerradas. Era lo normal, lo que entendíamos como “normal”. Creíamos que no teníamos otra opción. En ese momento no razonábamos, solo corríamos. Yo considero que cada persona está en este mundo por algo, que tiene una misión. Y yo creo que las adultas trans estamos acá para mostrar todo lo vivido y allanar el camino para hoy llegar a este lugar. 

Esas escenas que ustedes eligieron son particularmente interesantes porque, si bien son representadas desde un lugar individual, son colectivas desde la realidad que reflejan y que han atravesado muchas. 

CAROLINA BOETTI: Son individuales desde la experiencia, pero son el reflejo de situaciones que casi todas hemos vivido de alguna manera u otra. Todas las mujeres trans. Porque todas las compañeras han tenido problemas con la policía por ejemplo. Yo cuento mi historia de la prostitución pero son muchas las compañeras que han vivido esa realidad y se han visto atravesadas por el degrado y la vulnerabildad que eso conlleva. 


En el momento de la dictadura lo más triste es que naturalizamos todo; la discriminación, el no poder ir a trabajar, ser perseguidas, encerradas. Era lo normal, lo que entendíamos como “normal”. Creíamos que no teníamos otra opción. En ese momento no razonábamos, solo corríamos.

BIBIANA BLASÓN: Al principio cuando hacíamos la obra y los ensayos había mucha angustia. Al revivir las historias sentíamos tristeza. Y el director, que era Omar Serra en ese momento, siempre nos respetó y cuando atravesábamos uno de esos momentos nos decía: “El teatro cura, vamos”. Y así fue. Ahora la emoción es otra. Y además el tema del compañerismo, de estar juntas y el humor. Siempre el humor. Encontrar un momento para la risa. Ahora la directora es Ale Campa. La producción siempre fue muy autogestiva igual. Si me preguntas creo que en este momento estamos en otro lugar. A mí me sigue atravesando, obviamente, pero siento que en caso de quedarme enredada con un recuerdo puedo esquivarlo y sortearlo.

Katy Saenz durante su monólogo.

MARZIA ECHENIQUE: Para mí los primeros ensayos fueron muy fuertes porque removieron mucho momentos muy feos y duros de nuestra adolescencia. Pero después con el tiempo, en mi escena de la violación yo termino llorando desconsolada en el piso porque lo vivía en carne propia, y fue ahí cuando Omar Serra me decía: “Marzia, muchas veces el arte sirve para sanar heridas”. Y eso me quedó muy grabado hasta el día de hoy. 

Y también hablamos antes, sin grabador de por medio, que la obra interpela a personas que se encuentran por fuera del colectivo LGBTI+, y tal vez en ese sentido es interesante pensar el vínculo directo que se establece con el público a través del teatro. 

CAROLINA BOETTI: Pasan cosas raras cuando nos bajamos del escenario. La gente se nos acerca y nos abraza. Tiene esa calidez humana que no en todas las obras sucede. Yo interpreto otras y no me pasa ese acercamiento por parte del público. Supongo que inspiramos un poco de ternura a esas personas que vienen y nos alientan y nos agradecen. Creo que es porque se ven reflejadas en situaciones que nosotras desconocemos. Me pasó algo muy especial cuando fuimos a Chapadmalal, en Mar del Plata. Había familiares de gente que había sufrido un gatillo fácil, y familiares de desaparecidos, y ellos se acercaban y lloraban junto a nosotras, y hasta nos mostraban imágenes de esos seres queridos que habían perdido. Y para nosotras eso es muy especial y fuerte obviamente. A veces no sabemos bien cómo responder. 

Se puede interpretar entonces que a ustedes la obra las ayudó también, en parte, a sanar algunas heridas. 

CAROLINA BOETTI: Para mi sí cura. A veces cuando la terminábamos nos encontrábamos llorando abrazadas y también riéndonos. Y también los mismos directores y actores de reparto, que no son de nuestra época, nos alentaban y ayudaban. Por eso creo que a la gente le llega tanto. 

BIBIANA BLASÓN: El arte siempre cura. A mi después de la primera función, por Facebook, me escribió una mujer que era abogada, y me pidió perdón porque ella ejercía en aquella época, trabajaba en tribunales y a más de una nos hacía el prontuario. Pero ella no sabía, me dijo, cómo era nuestra realidad ni lo que vivíamos entonces. No imaginaba que era tan así como lo mostramos en escena. Y me pidió disculpas después de ver la obra. Eso también es impactante. Y el teatro lleva a esos vínculos y conexiones. No sé si de otra manera eso sería posible

También recuerdo que el día que estrenamos la obra fuimos a comer a un restaurante. Había una mesa con un matrimonio. Nos sentamos todas, y cuando ese matrimonio se levanta para irse el hombre se acerca a la punta de nuestra mesa y nos dice: “Chicas, disculpen, yo soy un policía retirado, y les pido perdón por todo lo que les hicimos”. Nosotras en ese momento tendíamos a sentir que todo lo que ellos nos hacían era algo muy personal. Que cada policía te odiaba y te quería dañar y matar. Entonces nos quedamos heladas en ese momento. No sabíamos bien qué responderle. Simplemente le dimos las gracias. Eso fue todo. 

¿Creen que también personas jóvenes del colectivo se van a ver interpelados por esta obra?

BIBIANA BLASÓN: Si, totalmente. Porque la discriminación sigue existiendo. Mucho menos, pero está. También hay cosas en las que es necesario que pasen más años para que se acomode la mentalidad en toda una sociedad sobre lo que forma parte de nuestro colectivo. Y también creo que es importante que la juventud vea la historia para entender cuáles son los cimientos sobre los que se erige todo lo que tenemos y logramos hoy. Ver el camino recorrido para entender lo alcanzado.


A mí después de la primera función, por Facebook, me escribió una mujer que era abogada, y me pidió perdón porque ella ejercía en aquella época, trabajaba en tribunales y a más de una nos hacía el prontuario.

CAROLINA BOETTI: Las juventudes de nuestro colectivo no todas saben ni conocen por completo esas cosas que nosotras vivíamos. Entonces es una obra para enseñar y mostrar lo que pasaba, de donde veníamos, como vivíamos, por qué ahora estamos donde estamos. Eso es importante. Nosotras vemos que sigue habiendo desconocimiento del tema y que las chicas viven de otra forma. Que suelen dar por sentado lo que tienen. Por eso está bueno ver cómo es que se llega a todo esto, porque ahora vivimos así. Ellas viven en otra realidad porque la época es otra. A mí me encanta y lo celebro y lo gozo. Cuando las veo por la calle las disfruto porque digo: “Dios me dio más vida para ver estas cosas que son importantes”. Yo no tengo rencor en mí, no es que digo: “¿Cómo a ellas cuando yo no pude?”. A mí, lógicamente, me hubiese gustado vivir todo esto cuando yo tenía 20 años, pero Dios me dio la vida para ver esto, que hoy en día las cosas son distintas. Igual hay que tener cuidado, porque la amenaza sigue presente. Porque no está todo regalado, garantizado. Hay que luchar porque el enemigo siempre está detrás de la puerta. 

Las compañeras que se quedaron fueron las que conquistaron los derechos. Nosotras emigramos, hicimos la vida desde el exilio. Pero las que se quedaron no la pasaron tan bien. Fueron ellas las pioneras, las que se encadenaban en las comisarías, a las que les tiraban cosas, a las que llevaban detenidas, con todo lo que eso conllevó. No es que llegaron y dijeron: “Quiero sacar el edicto policial”. Eso fue una lucha de las mismas compañeras que estaban ahí al pie del cañón llueve, truene, haga calor o frío. Estaban ahí tratando de subsistir para lograr la aprobación de las leyes y derechos adquiridos de hoy en día.

Bibiana Blasón en el cierre de la obra.

Cuando comenzaron con la obra en el año 2018 ¿pensaron que iba a crecer a tal escala e iba a conquistar tantos espacios? 

CAROLINA BOETTI: No, la verdad que no lo pensábamos. En su momento cuando la estrenamos gustó muchísimo y nos empezaron a llamar de diferentes partes y ciudades. Estuvimos por todos lados. Igualmente nos falta alcanzar más lugares. Es muy difícil. Somos muchas y no tenemos detrás nuestro un sostén económico. Lo hacemos un poco solas, sin alguien que nos cubra la espalda y es una obra cara. El objetivo nuestro es llevarla a Buenos Aires. Hemos ido a muchos lugares, pero esto tiene que ocupar todas las ciudades. De a poco lo vamos a ir logrando, no me cabe duda. Y es importante que se vea en todos los países de Latinoamérica. Yo hasta creo que tenemos que escribir un libro sobre esto. No hay que olvidarse que todas nosotras somos las que guionamos la misma obra. Ahora contamos con la producción de Bruno Pierro. Él quiso enaltecer la obra. Entonces, si bien la obra es la misma, hay escenas que se destacan y enriquecen. Hay cantantes, bailarines. El objetivo es rendir homenaje a la obra. En cada escena se realzan cosas. Por eso hicimos La Gala el domingo 3 de septiembre. Hubo una alfombra roja también para que los espectadores entren. Está bueno renovarse de esa manera. Nos suma a nivel artístico y se trata de algo innovador que nos ayuda en diferentes niveles. 

¿A ustedes qué mensaje les gustaría que se lleve el público una vez que termine la obra?

CAROLINA BOETTI: Que conozcan más nuestras vidas, que sepan la historia y vean todo lo que hemos pasado. No nos tenemos que olvidar que la prensa siempre nos fetichizó con ese tinte netamente sexual. Lo único. Siempre fuimos encasilladas como las trans que se paraban en una esquina borrachas haciendo escándalo. Entonces hay que hablar más de cómo fueron realmente las cosas y las historias. Hay que conocer el pasado para entender el presente. La obra es una manera que encontramos de contar la verdad. 

MARZIA ECHENIQUE: Como dijimos antes, Finalmente Reparadas deja una enseñanza no solo para la comunidad trans, si no a todos nosotros como pueblo. Y por eso yo le tengo tanto respeto a esta obra, que es totalmente distinta a cualquier otra. 

BIBIANA BLASÓN: Yo lo pienso mucho. Me gustaría que recapaciten, que no somos diferentes, y que no nos traten de otra manera por ser así. Y recalcar el “Nunca más”. Dudo que pase porque si llega a ocurrir todo un país se levantaría en contra de eso. Pero acá lo más importante es la igualdad y la equidad. Para todxs, para cada persona y ser humano en esta Tierra. 


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