Relatto | El cuento de la realidad
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A solo unos 50 kilómetros de Brasilia, la capital federal, existe, desde hace más de medio siglo, una comunidad ecléctica conformada por princesas que se cubren la cara con velos de colores o que llevan tocados de tules, como si hicieran parte de una corte. También hay príncipes, llamados Jaguares, que usan chalecos blancos o capas coloridas al estilo romano, de cuello alto, que recuerdan más al Conde Drácula pero que tienen diseñada una gran cruz en sus espaldas. 

En O Vale do Amanhecer o El Valle del Amanecer (en español), situado en la ciudad Planaltina, región metropolitana de Brasilia, se pueden palpar los imposibles: hablar con los buenos y malos espíritus, conversar con extraterrestres, ser la encarnación de uno de ellos o comprobar que, en otras vidas, se fue un príncipe maya, inca, un gobernante egipcio, un espartano o un guerrero, entre muchos otros personajes.

La imaginación allí es más importante que la lógica y el conocimiento; trabaja más activamente en las tinieblas que en la luz, y saca de la nada un mundo, como un mago de un sombrero de copa después agitar una varita. El Valle del Amanecer prueba que los imposibles existen; la fantasía tiene cuerpo y habla, y los sueños los fabrican y construyen cada cual a su manera. 

Rodeado por una muralla de ladrillo, con una amplia entrada principal dividida en dos: con una media luna blanca a la izquierda y un sol naciente a la derecha, en la parte alta, El Valle del Amanecer, alberga una comunidad de más de 20 mil personas que practican una religión variopinta, que mezcla cristianismo, hinduismo, espiritismo, creencias afrobrasileñas, incas, mayas, egipcias, que cree en los desdoblamientos, los extraterrestres y en los viajes interplanetarios.

Los habitantes de El Valle están convencidos de que los extraterrestres aterrizaron en nuestro planeta hace más de 30 mil años, que impulsaron varias civilizaciones, que retornaron encarnados en personajes de varias culturas y en diferentes etapas de la historia y que hoy los médiums que allí viven son sus más recientes encarnaciones..

Extraterrestres, médiums e interrogantes

 “¡Ya vienen! ¡Ya vienen! Todos listos. ¡Vamos a recibirlos!”, comenzaron a gritar varias personas cuando estuve en El Valle, y luego empezaron a correr hacia una plaza donde saludaban a los extraterrestres agitando las manos en el aire o haciendo venias de rodillas, levantando y bajando los brazos, como los musulmanes en sus templos o en sus oraciones cotidianas de alabanza y agradecimiento. Yo no vi ni sentí absolutamente nada pero me aseguraron que los extraterrestres acababan de llegar. Y, no vi ni sentí nada, simplemente porque uno de los médiums me explicó que eso “era muy normal en una principiante como usted, con el espíritu sin desarrollar”.

Los habitantes de El Valle están convencidos de que los extraterrestres aterrizaron en nuestro planeta hace más de 30 mil años. Foto/Rodrigo Arrosquipa/Pexels.

En El Valle hay varios tipos de médiums. Los Apara o “receptores”, por ejemplo, representan físicamente a los buenos o malos espíritus, y los “adoctrinadores”, que son quienes les enseñan y los regresan después a su mundo espiritual. Dicen que los rituales que practican los ayudan a expiar sus deudas kármicas.  

Por eso y por muchas otras razones, experimenté sentimientos encontrados al recorrer El Valle del Amanecer, que anuncia su nombre en la entrada principal en grandes letras verde-amarillas, los colores de Brasil.

Primero, tuve la sensación de estar en una feria nada seria. Tantos templos: uno en forma de nave espacial; un centro de oración de seis puntas; los prolongados rituales, los innumerables cantos religiosos y la aglomeración de símbolos como el monumento de un ojo gigante que lo observa todo, crucifijos, estrellas y edificaciones en forma de pirámide con figuras egipcias o soles en sus paredes externas. A eso se sumaron la enorme figura de Iemanja, la diosa del mar, patrona de los pescadores y madre del nuevo tiempo que nace cada año nuevo en la Umbanda, la religión afrobrasileña fundada en Brasil a principios del siglo XX, los múltiples rituales y la mezcla y sobredosis de todas las creencias religiosas. 

Pero, después, el convencimiento que observé en los habitantes sobre la filosofía que los guía, me sacó de mi eje…No estaban locos, no eran enfermos mentales ni, mucho menos, estaban borrachos o eran drogadictos. Solo eran creyentes de su realidad. “Creo que nací para estar aquí y hacer lo que hago hoy: un trabajo espiritual”, me dijo sonriente y convencido Nélio, que hoy lleva más de 30 años en el Valle. “Somos felices y afortunados de ver y sentir lo que vemos y sentimos. La mayoría de la gente no lo entiende porque vive en otra dimensión. Su realidad no es la nuestra”, me aseguró Lúcia, de unos 45 años y que vive en el Valle desde que tenía 20. 

¿Qué es?

El Valle es definido por sus médiums como un movimiento doctrinario y religioso, que puede ser visto como “el camino que recorrieron espíritus veteranos, con más de 19 encarnaciones en la tierra, que son jurados de Cristo y que se especializan en trabajos de socorro en épocas de confusión e inseguridad”, que se producen cuando la humanidad pasa de una a otra fase planetaria.

Aspecto del Templo Madre en El Valle del Amanecer. Foto/Shutterstock

“Cada dos milenios termina una etapa y comienza otra. Sin embargo, desde hace algunos siglos las dos fases coexisten. Podemos tomar, como ejemplo, el período que precedió al nacimiento de Jesús y los tres o cuatro siglos que siguieron y su detenido examen justifica la mezcla de las dos etapas” .

Y aseguran que “lo mismo está sucediendo en nuestra época. Desde el siglo XVIII, cuando el mundo explotó en fantásticos logros socioeconómicos, comenzó, al mismo tiempo, la decadencia del humanismo". 

Según su opinión, en la segunda mitad del siglo XX ese fenómeno se comprueba con la coexistencia de los avances tecnológicos y la creciente deshumanización del hombre, cada vez más incrédulo y desesperanzado respecto a las instituciones y a los gobiernos. Por eso sostienen que esa especie de “muerte de la civilización” está produciendo en la mente del ser humano “una ansiedad por fundamentos mentales más firmes, más cimentados en la inmortalidad de la civilización y que se evidencia hoy en la búsqueda de soluciones religiosas y formas de trabajar el espíritu”. Por lo tanto, el propósito de El Valle del Amanecer sería ofrecer y calmar la ansiedad actual de ese hombre angustiado, que busca “una explicación de sí mismo y una hoja de ruta para su vida inmediata”. 

Para Emiliy Pierini, autora de Jaguares del Alba: Mediumnidad espiritual en el Vale do Amanhecer brasileño, el lugar es “donde el mundo de los vivos y los espíritus se fusionan y los límites entre vidas se cruzan regularmente”. Basándose en más de una década de trabajo de campo, la autora exploró cómo los médiums entienden sus experiencias, aprenden a establecer relaciones con sus guías espirituales y la forma como utilizan el desarrollo mediúmnico con fines terapéuticos en El Valle del Amanecer. 

La antropóloga brasileña Ana Lúcia Galinkin, máster en Antropología Social de la Universidad de Brasilia, analiza en Cura y rituales en El Valle del Amanecer, el proceso que se emplea para tratar diferentes formas de sufrimiento y observa cómo la adhesión de los creyentes a la doctrina de El Valle fue fundamental en el éxito de su curación. 

Sin embargo, para muchos brasileños el Valle del Amanecer es una farsa para estafar incautos, y los más radicales consideran que está relacionado con la Macumba, el culto brasileño que combina la brujería, el catolicismo y el animismo africano, que engloba diversas creencias y dota de movimiento, vida y alma a objetos o a cualquier elemento natural. 

En la actualidad “vivimos momentos difíciles en los que la unión y la solidaridad deben ser los pilares de los habitantes del Valle”, alerta hoy el sitio Web del Valle del Amanecer, que también es utilizado por sus moradores para enviar mensajes o pedir trabajo como cualquier mortal.

Uno de los tantos creyentes de El Valle del Amanecer, con su atuendo característico. Foto/Shutterstock

Regilene María Santos, por ejemplo, escribió hace poco: “¿Alguien cambiaría un trabajo de limpieza por una canasta básica de frutas, verduras y productos de higiene? Es para mi hija, estoy desempleada, soy madre soltera, debo el arriendo y estoy pasando por muchas necesidades. No pido dinero sino trabajo para sostener a mi hija”. 

Creación y desarrollo

El Valle del Amanecer fue fundado por la camionera Neiva Chaves Zelaya, conocida como la “Tía Neiva”, que hoy sigue viva para los creyentes que la veneran a pesar de haber fallecido hace casi 40 años. Raúl Zelaya, su hijo, la sucedió en el comando terrenal de la comunidad.

Viuda y madre de 4 hijos, Neiva llegó a Brasilia para trabajar en la construcción de la ciudad en 1957. Poco después habría empezado a tener visiones del Padre Flecha Blanca (Pae Seta Branca, en portugués), un indígena que supuestamente reencarnó a san Francisco de Asís y que vestía una túnica celeste, llevaba en la cabeza un tocado de plumas y una lanza en una de sus manos.

Tía Neiva, líder carismática de la Doctrina de la Aurora, se destacó entre los miles de “candangos” (como eran conocidos los trabajadores de Brasilia en esa época), porque “era la única mujer camionera”, afirma Galinkin en su libro. Y señala que “en 1958 Neiva comenzó a tener visiones, pero solo al año siguiente empezó a admitir sus dotes de médium y a iniciar su carrera como clarividente. En 1964 creó la Orden Espiritista Cristiana y en 1970 fundó el Valle del Amanecer”. 

Los médiums historiadores de la vida de Neiva, aseguran que no expresaba ninguna tendencia religiosa ni propósito de liderazgo hasta que cumplió 33 años, en 1959, y empezaron a ocurrirle “extraños fenómenos en el ámbito de la percepción paranormal y extrasensorial, para los que ni la ciencia ni la religión local tenían explicación”. Antes de ese hecho, era descrita como una mujer común.

Neiva y su doctrina atraparon la atención de Brasil en las décadas de los 70 y 80, y ella empezó a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación.

Los médiums dicen que entre 1959 a 1964, la vidente viajó diariamente al Tíbet y recibió instrucciones de un maestro tibetano, que aún vive y se llama Humahä€ (un nombre impronunciable), y que las exigencias físicas y mentales de la transportación casi la llevaron al coma, razón por la cual fue hospitalizada en 1963, pero que, una vez recuperada tres meses después, siguió con su misión pese a las dificultades respiratorias que presentaba por causa de una tuberculosis.

Panorámica de Brasilia, capital federal de Brasil, a unos 50 kilómetros de distancia de El Valle del Amanecer. Foto/Lucas Oliveira/Pexels.

Los seguidores de Tía Neiva están convencidos que ella “se transporta a diversos planos, toma conciencia de su pasado remoto y del grupo espiritual al que pertenece, recibe instrucciones de Seta Branca y sus ministros y prácticamente las transmite a las acciones del grupo”. Para ellos, el teletransporte es un fenómeno natural, “todos lo hacemos cuando dormimos, pero la diferencia en la clarividencia de Tía Neiva es el registro claro de lo que sucede durante el fenómeno”. 

Los médiums de El Valle revelan que todo lo que recibieron y reciben hoy de los espíritus se aplica de inmediato. Sostienen que el aprendizaje de la Tía Neiva comenzó tan pronto como ella dominó la técnica del teletransporte consciente, es decir, la capacidad de abandonar el cuerpo y dejarlo en estado suspensión

El Valle, conocido como lugar de tratamiento espiritual, de visiones y predicciones, atrajo entonces a curiosos y seguidores y, Tía Neiva empezó a reunirse con políticos y personalidades y a ser invitada frecuente para hacer predicciones en varios programas de televisión.

Después de su muerte en 1985, el interés por el Valle decayó, y con el crecimiento urbano se fusionó con ciudades vecinas y empezó a convivir con otras manifestaciones religiosas.  

El Valle hoy

En la actualidad El Valle del Amanecer es considerado por la investigadora Kelly Hayes, de la Universidad de Indiana, como uno de los movimientos religiosos brasileños que más crecen: con más de 800 mil fieles y, por lo menos, 600 templos afiliados en el mundo, según estimativas de 2018.

Pero, la mayoría de la sociedad así como muchas comunidades religiosas brasileñas, en especial los evangélicos, consideran que El Valle es como una secta y, por eso, los últimos construyeron iglesias en las cercanías para convertir a los habitantes que, en su opinión, están bajo el influjo del demonio. 

Sin embargo, Hayes opina que en lugar de discriminar El Valle y a su gente lo que se debería hacer es considerarlo en el contexto de su fundación, en el que la religión, surgida en los años 50, era popular entre los agricultores pobres y los emigrantes que ayudaron a construir Brasilia. La investigadora estima que la curación ofrecida por El Valle es terapéutica para algunas almas insatisfechas que residen en Brasilia porque gran parte de la cura tiene que ver con reescribir la vida y eso les da, no solo la sensación de controlarla sino el convencimiento de que tanto la justicia como la igualdad son posibles a través del trabajo.

Vista de ciudad Planaltina, región metropolitana de Brasilia, desde el Templo Madre de El Valle del Amanecer. Foto/Shutterstock

Fieles de varias religiones han admitido que experimentaron sensaciones y mareos en algunos rituales de El Valle. El fotógrafo brasileño Gui Christ, por ejemplo, le confesó a Nacional Geographic que sintió una energía indescriptible mientras fotografiaba algunos. “He visto muchas religiones en África, Asia y Brasil, pero es la primera vez que siento una conexión con algo. Tuve que salir del templo porque me mareé”.

El Valle del Amanecer es hoy una especie de polo turístico recomendado por varios operadores como Tripadvisor o Booking.com, etc., pero, como otros muchos de lugares similares en el mundo, se ha visto azotado por la inseguridad y la delincuencia.

Antes de la pandemia, por motivos de seguridad, fue preciso anular los rituales de entre semana porque se produjeron 14 hurtos y robos. Hombres armados rompieron los cristales de los automóviles y amenazaron a los visitantes en el Templo Madre y les robaron sus pertenencias. Para participar en los rituales se exige un atuendo especial y muchos de los asistentes no encontraron su ropa original cuando terminó el acto religioso, regresaron a sus carros y debían volver a sus casas.

Varias propiedades de El Valle del Amanecer han estado a punto de ser embargadas desde 2014 pero no se sabe con precisión sobre el desarrollo de los procesos.

Se estimaba hace algunos años que la sede de El Valle del Amanecer recibía visitantes de todo Brasil, del exterior, sobre todo de Canadá, Bolivia y Francia, y que, entre pacientes, médiums y turistas, circulaban diariamente por el lugar unas 400 personas.

Pero, aunque en la actualidad se ha reducido el número de habitantes de El Valle, los que resisten no pierden la esperanza porque “en los momentos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”, como decía Albert Einstein y, como predijo el visionario Julio Verne: “todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”. 

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