Relatto | El cuento de la realidad

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Si Fernando Otero no fuese curioso, si no hubiese visto una publicación en un foro y dejado un comentario, si no hubiese dado una entrevista para El Faro de Vigo y luego luchado durante años para ser reconocido como excombatiente, es posible que la historia de los 22 pescadores españoles del Usurbil que participaron de la guerra de las Malvinas siguiera oculta. Así y todo, por lo menos en Argentina, aún hoy es un hecho poco conocido.

En 2009, Otero tenía 55 años y se había jubilado hacía poco tiempo como marino de buques de pesca. Un día cualquiera, navegaba por internet en un foro militar cuando de casualidad se topó con una noticia del buque Usurbil y la participación de este en la guerra de Malvinas. Entonces, se quedó absorto frente a la computadora: él conocía lo que había pasado en primera persona, pero hasta ese momento creía que se trataba de un secreto de guerra.

“A mí nadie me dijo que nuestra misión era secreta. Yo lo entendí así y por fidelidad a Argentina la callé. Sólo lo sabía mi familia y el círculo de marinos vecinos”, dice Otero hoy a través de un audio de WhatsApp desde Bueu, un pueblo español ubicado a más de 10 mil kilómetros de distancia de Buenos Aires.

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Hace algunos meses atrás, curioseaba sobre Malvinas en la web, cuando también yo me topé con la historia del Usurbil. Desconocía totalmente la actividad de este buque (y la de otros pesqueros) en el conflicto. En un googleo rápido, encontré el nombre de Fernando Otero y notas periodísticas en las que se lo nombraba como excombatiente. Le escribí por las redes sociales para entrevistarlo y a los pocos días me respondió. Primero, se mostró misterioso. Me dijo que la mayoría de la información disponible sobre el Usurbil en la guerra de Malvinas hablaba de que había españoles a bordo, pero no decían cómo ni por qué habían llegado ahí. Eso era justamente lo que yo quería saber. Además, dudó “seguir dándole vueltas a la noria” y tuve que insistirle para que me cuente esta historia. Su historia.

Proa del Usurbil, durante sus labores de pesca.

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Otero nació en 1954 en Bueu, un pueblo de tradición pesquera ubicado en la península del Morrazo, en la provincia de Pontevedra (España). Cuando tenía 16 años y siguiendo la profesión de su padre, se metió a estudiar en la Escuela Náutico Pesquera de Vigo (a unos pocos kilómetros de Bueu) para titularse como técnico de las máquinas de embarcaciones. Fue así que, ya en la década del setenta, se lanzó a los mares en buques de pesca que lo llevarían por caladeros de todo el mundo.

“Yo estaba empezando mi vida y quería ganar más dinero. Eso necesitaba de mucho sacrificio, pero nuestra prioridad era llegar cuanto antes a tener una casa o un piso. Ese era el pensamiento de la época”, recuerda ahora.

Con esa idea fue que, en 1980, se presentó en la oficina de Vigo de la hoy extinta Vasco-Gallega, una pesquera de gran importancia. A través de otra empresa (la Pesquera del Atlántico), la Vasco- Gallega contaba con barcos abanderados en Argentina. “Ello implicaba que los mandos principales pasaban a ser argentinos por ley. Pero como en ese país no había mucha tradición pesquera, la tripulación profesional y mandos intermedios seguían siendo españoles. Ahí fui. Tenía pocos años, pero también tenía experiencia”.

Otero arribó a la Argentina en plena dictadura cívico-militar. El destino fue Ingeniero White, una pequeña localidad portuaria ubicada en las afueras de la ciudad de Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires. La zona de White es de fuerte presencia militar: en Bahía Blanca está el Ejército y la Base Aeronaval Comandante Espora, mientras que a unos pocos kilómetros también se encuentra la Base Naval Puerto Belgrano de Punta Alta.

Otero recuerda un pueblo de casas bajas de chapa y madera, eucaliptus resecos y algunos bares. “Era un villorrio. En el puerto se apreciaba un movimiento mercante importante y de diferentes nacionalidades”. También me cuenta que fue ahí, en el bar de un tal Vicente, donde aprendió a saborear la cerveza Quilmes (tradicional en Argentina). “La gente era amable, aún con la situación política. Aquello estaba duro, pero con nosotros no hubo un problema nunca”.

Sede de la extinta pesquera Vasco-Gallega.

Hasta acá, la de Otero es una historia común entre pescadores: un marinero que migra temporalmente a trabajar y se puede encontrar en un país con un régimen dictatorial de alta conflictividad, pero se mantiene al margen.

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El Usurbil era un barco pesquero que construyó la empresa Factorías Vulcano, de Vigo, en 1968. Un año antes la misma firma había terminado el navío gemelo Urquil. Estas embarcaciones funcionaban como buques factoría. Es decir, contaban con los equipos necesarios para el preparado de la pesca que se vende en puerto: limpieza, procesos de cortado, refrigeración y empaquetado. Según señala la Revista Técnica de la Asociación de Ingenieros Navales de España de diciembre de 1968, medían 74,70 metros de eslora (largo) y 12 de manga (ancho).

Ambos buques se encontraban en Argentina y operaban para Pesquera del Atlántico cuando Otero llegó al país. Primero le tocó trabajar en el Urquil y luego quedó definitivamente en el Usurbil. 

El 2 de abril de 1982 se produjo el hecho por el cual la de Otero dejaría de ser una historia común entre pescadores. Durante esa jornada se concretó el desembarco argentino en Malvinas y ocho días después, ante una multitud y desde un balcón de la Casa Rosada, el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri dijo la frase “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. “El ambiente en White era de película: simulaban ataques aéreos y todo el mundo hablaba de la Segunda Guerra Mundial con un desconocimiento asombroso. Nosotros no temíamos porque éramos un barco de pesca”, rememora hoy el pescador gallego.

El 20 de abril en la tarde el Usurbil salió al mar con 29 tripulantes argentinos y 22 españoles. Otero recuerda que horas antes les hicieron firmar un seguro de vida y que algunos militares argentinos estuvieron rondando la embarcación, pero nadie les dijo nada sobre una misión de guerra: iban a pescar. “Yo creí que aquello era un acto de propaganda para la prensa, para decir que venían custodiando a los pesqueros”. Sin embargo, a medianoche de esa jornada, la embarcación recibió un llamado en el que le indicaron que debía dirigirse a Mar del Plata (a más de 400 kilómetros de White) para levantar material quirúrgico y asistir a pilotos heridos en combate.

Fernando Otero (izquierda) junto al cocinero del Usurbil.

“Pensamos que íbamos a ser evacuados y substituidos por personal militar. Navegamos sin prisa y al día siguiente, a eso de las 9 de la noche, estábamos en Mar del Plata. Paramos el barco sin atracar al muelle y al costado apareció una lancha”.

En la embarcación más pequeña llegaron dos hombres: un gerente de la empresa pesquera, que rápidamente se fue sin dar explicaciones, y un individuo con un maletín. Este último fue el que un rato después, en la cámara de oficiales del Usurbil, les informó a los tripulantes que estaban militarizados, incomunicados y a órdenes del jefe de la Armada Argentina. Además, que la misión del barco no sería la de asistir a heridos, sino la de localizar al enemigo e informar. Por obligación ya no eran pescadores, eran espías disfrazados de pescadores. A modo de amedrentamiento, el hombre del maletín les habló sobre el código de justicia militar para casos de sedición. Y les dijo: “No tengan miedo. Un misil vale un millón de dólares y los ingleses no lo van a gastar con un pesquero”.

El hombre del maletín era el militar Fernando Pedro Amorena. Otero me envió por WhatsApp recortes del libro Recuerdos de guerra. Presencia naval en Malvinas (Vórtice, 2017), de Juan Luis Gallardo. Allí, en el marco de un reportaje, y con la ayuda de notas que había tomado en ese momento, Amorena señaló que durante la militarización del Usurbil se dio una situación “muy tirante” con los españoles y que “algunos tripulantes se reunieron con el capitán haciendo ostentación de armas”, aunque señaló que el conflicto fue solucionado y los pescadores “se consustanciaron con la misión”. Otero aclara que no había armas de fuego en la embarcación.

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El 21 de abril el Usurbil partió de Mar del Plata junto a otros dos pesqueros: el Narwal y el María Luisa. Parte de las travesías de estos tres barcos (y de otros pesqueros) en el conflicto de Malvinas puede rastrearse en un informe interno “secreto” de la Armada Argentina que data del año 1983 y que hoy está disponible en la web del Gobierno. En ese documento se señala que ya el 26 de abril el Usurbil fue “sobrevolado por una aeronave de combate” y que el María Luisa avistó “un buque de guerra”.

Otero cuenta que en los días siguientes el María Luisa (con poco combustible) regresó al Puerto de Mar del Plata, el Narwal se dirigió hacia el entorno de Malvinas y el Usurbil en dirección a la isla Ascensión, un territorio británico de ultramar estratégico en la guerra de Malvinas. “Nos separamos el 30 de abril. A partir de ese momento empezamos a encontrarnos solos. Las tertulias de sobremesa se fueron disipando y ni siquiera nos divertíamos con los videos de Les Luthiers que disfrutábamos bastante. Cumplimos órdenes igual que si estuviésemos trabajando”.

Otero (izquierda) con otro marino español, en la cámara de oficlales del Usurbil.

En ese viaje, las redes del pesquero no se tiraron al mar. El objetivo de la tripulación era observar y comunicar lo visto por radio. Tenían un código de espionaje bastante precario: por ejemplo, si el Usurbil informaba sobre un “abadejo” se estaba refiriendo a un portaviones y si decía “merluza” significaba que había avistado una fragata.

El 2 de mayo (tras el hundimiento del crucero General Belgrano en el que murieron 323 argentinos) a algunos españoles les permitieron comunicarse con sus familias, aunque no tuvieron permitido decir nada sobre su participación en la guerra. Otero habló con su esposa e intentó disuadirla para que no entregara un millón de pesetas que debían pagar por un departamento que habían comprado. Estaba seguro de que no la iba a ver nunca más y quería que ella pudiera contar con ese dinero para mantener a los tres hijos que tenían.

“A partir de ahí el ambiente se volvió más raro y tuvimos una piedra en el estómago hasta que nos vimos de vuelta sanos y salvos”, dice el pescador gallego. En el informe interno de la Armada se hace referencia al descontento del personal español del Usurbil el día 3 de mayo y a la oposición a cumplir una orden.

“La tensión existió siempre. Unos las llevaban mejor que otros. Recuerdo los últimos días a algún marinero dormir en la cubierta bajo los botes por si a los ingleses se les daba por hundirnos”, cuenta Otero.

El día de mayor riesgo para la tripulación del Usurbil fue el 8 de mayo. En la tarde de esa jornada el pesquero se cruzó con un convoy compuesto por varios barcos británicos. El informe de la Armada da cuenta de una formación circular de ocho buques y también menciona un helicóptero. Además, detalla que una de las embarcaciones inglesas, un mercante de gran tamaño, se interpuso en el camino del Usurbil.

Otero, por su parte, habla de 12 barcos y su relato es más completo. Detalla que en el convoy inglés venía abriendo paso el transatlántico Canberra cargado de tropas y que había al menos un portaviones. El Usurbil recibió señas para apartarse y un helicóptero lo sobrevoló. Algunos tripulantes del pesquero se precipitaron a las barcas salvavidas, entre ellos un español que tenía preparada una maleta y llegó a meterla en uno de los botes.

“Con el engrasador Vargas estábamos los dos solos abajo, en la sala de máquinas, donde siempre la muerte es más segura y más cruel. Esperábamos, pues no sabíamos qué”.

Otero (con cigarrillo) junto al engrasador Vargas.

Un día después, más al sur, aviones ingleses Sea Harrier bombardearon al pesquero Narwal provocando la muerte del civil Omar Alberto Rupp y dejando varios heridos. En esa misma jornada, el Usurbil recibió la orden de volver a puerto inmediatamente. Durante el regreso, el barco avistó a otras unidades posiblemente enemigas, aunque algunos de los contactos no fueron notificados en el momento por el temor a estar siendo escuchados. El informe de la Armada dice que el barco arribó al puerto de Buenos Aires el 15 de mayo, aunque Otero asegura que fue el 13. 

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28 años duró el silencio de Otero. En ese tiempo se concretó el regreso a la democracia en Argentina y se sucedieron nueve presidentes, Maradona le hizo “el gol del siglo” a los ingleses, se celebraron seis mundiales de fútbol, cayó el muro de Berlín, se dio el atentado a las Torres Gemelas y se iniciaron otras guerras. También se desarrolló una revolución tecnológica: las computadoras comenzaron a ser un objeto de hogar e internet se diseminó por todo el mundo. Esto último posibilitó que un día, desde su casa en España, el pescador pudiera reencontrarse con la historia de Malvinas.

El cruce en el foro por el cual Otero descubrió que la participación del Usurbil en la guerra no era un secreto aún puede leerse en la web www.google-earth.es. Lo hallé mientras escribía esta nota. A pesar de que el marinero gallego no revela en ningún momento su nombre completo, reconocí sus formas misteriosas y el relato.

La publicación original es del 5 de noviembre de 2009. En ella, un forista con seudónimo Rbernalmarco habla sobre el Narwal y deja una breve mención acerca del Usurbil. Días después responde un tal Pesegos. “¿Quién te dio la información del Usurbil? Si formabas parte de la tripulación tenemos que conocernos, porque yo sí estuve allí”, dice. Rbernalmarco le explica que sólo es un aficionado, Pesegos le dice que investigue la tripulación del barco, Rbernalmarco señala que no tiene especial interés en el Usurbil y entonces Pesegos contesta con un mensaje contundente: “Si el tema del Usurbil para ti no tiene importancia, pienso que tienes poca información. ¿Sabes por qué en tantos años no salió a la luz? Pues porque a diferencia del Narwal, ahí íbamos veintidós españoles a los que no se nos dio otra opción que la de los hechos consumados. Yo intenté que nos evacuaran, pero no hubo manera”.

Cédula argentina de embarque de Otero.

Ante el pedido de otros foristas para que se explaye, Pesegos cuenta resumida la historia relatada en esta nota. Y dice otras cosas: que pocos días después del arribo al puerto de Buenos Aires él y otros marineros españoles del Usurbil regresaron a España, que luego del episodio de la guerra durmió más de un año con pesadillas y que el miedo a denunciar le “duró bastante”. “Volví a la Argentina a mediados de los noventa, porque la situación pesquera así lo exigía y yo no iba a cambiar de profesión a esas alturas. Me encontré con el capitán y con un oficial. Al resto le perdí la pista, pero estoy seguro que si leen esto saben quién soy”. La fecha del post es del 20 de noviembre de 2009.

En julio de 2010, desde Argentina, un hombre llamado Guillermo se identificó en el foro como un extripulante argentino del Usurbil y Pesegos le respondió: “Por fin alguien confirma la aventura del Usurbil, aunque sea después de ocho meses. Estaba perdiendo la esperanza. Te recuerdo perfectamente Guillermo y, sobre todo, a tu padre. Su bar, la cantina de Vicente, fue como siempre el último lugar que pisábamos antes de embarcar, un abrazo para ambos”. En ese mensaje Pesegos se reveló como “Fernando”, el "único oficial español de máquinas” del Usurbil. Fernando no es otro que Otero, aquel que aprendió a saborear la cerveza Quilmes en el bar de Vicente.

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Tras el cruce en el foro, Otero supo que los tripulantes argentinos del Usurbil habían sido reconocidos como excombatientes. “A partir de ahí logré contactar seis supervivientes españoles a los que le había perdido la pista. Les conté y no se creían que nuestros compañeros estaban condecorados. En las listas del barco no salíamos ningún español”. 

En los años siguientes, el pescador gallego hizo pública su historia (de la que tiene escrito un libro inédito) e inició los trámites para ser reconocido también. En 2017, 35 años después de la guerra, fue condecorado en la embajada de Argentina en España. Y el año pasado siguieron su camino Juan Casás y Alejandro Martínez, españoles y compañeros suyos de la experiencia malvinense en el pesquero.

Otero (en el extremo derecho) fue condecorado en la Embajada Argentina en España. 

En la serie documental “Civiles en Malvinas” del canal de televisión Encuentro, que se estrenó en 2022, algunos tripulantes argentinos del Usurbil contaron que una vez en tierra ellos sí recibieron una orden explícita de callar. “Mi hijo mayor que nació el 31 de enero de 1982 se enteró de que el padre había estado en la guerra de Malvinas hace cuatro años”, señaló uno de ellos. 

El Usurbil sufrió un incendio a mediados de la década del noventa y hoy su estructura oxidada se encuentra encallada en las cercanías de Ingeniero White, a unos 10.500 kilómetros de Bueu. “Me gustaría volver a pisar su cubierta”, dice ahora Otero, a la distancia. Y agrega: “Argentina es mi segunda patria”.




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