Relatto | El cuento de la realidad
Relatto | El cuento de la realidad

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La Academia

Fundada en 1872, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, la Escuela Naval Militar fue creada por Ley Nº 568 con la intención de tener una academia militar naval que diera una instrucción teórica y práctica acorde con la época. 

Cien años después, la Escuela Naval Militar Argentina fue una de las instituciones involucradas en la formación de los cadetes que actuarían en la clandestinidad durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Este plan respondió a la Doctrina de Seguridad Nacional aplicada por Estados Unidos en América Latina y cuyos basamentos principales eran la ideología y los métodos represivos usados por los militares franceses para preservar sus colonias. 

La maquinaria asesina se coló sutilmente en el aula, en los planes de estudios, entre los libros, en tizas y apuntes. La lectura de diarios de campañas y textos como “Subversión y revolución” y “La guerra moderna”, del teniente Roger Trinquier, junto a la proyección de películas sobre la guerra de Argelia y las prácticas de infiltración, eran tareas habituales.


“Esta es nuestra casa durante 4 años. Solo ella conoce los secretos de la vida de cada uno de nosotros”. Textos tomados de “A ti, Madre del Marino”, perteneciente a la revista Rumbo al mar.


Original: “… de tu boca no saldrá una palabra para hacerle abandonar una carrera que es su vida”.


Original: “… y con el avance de las nuevas juventudes van quedando atrás afectos y deudas que nunca serán pagadas”.


Original: “Ya dijo el filósofo que había tres clases de hombres: los que están vivos, los que están muertos y los que están en el mar”. Cita atribuida al filósofo escita Anacarsis que vivió en el siglo VI a. C. y con similitudes a la efectuada por el dictador Jorge Rafael Videla, quien dijera en 1979, "Le diré que frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo... está desaparecido".


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Los egresados

Los estudiantes fueron los engranajes necesarios para que la hoja de acero se mantenga afilada y cumpla su sanguinario propósito. Cada egresado tuvo uno o varios apodos creados por sus colegas de armas. El recurso de usar un alias fue utilizado posteriormente para operar en las sombras.

La selección fotográfica aquí presentada es una pequeñísima muestra de la Escuela Naval Militar Argentina, con la mirada puesta en los verdugos y una pregunta que sigue sin respuesta: ¿Cómo te enseñan a matar a tu prójimo? 





Retratos y apodos tomados de revista Rumbo al Mar perteneciente a la promoción °102 de la Escuela Naval Militar. Colección del autor.


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El alumno ejemplar

“Yo digo que a mí la Armada me enseñó a destruir. No me enseñaron a construir, me enseñaron a destruir”. (1)

Alfredo Ignacio Astiz es uno de los íconos del terrorismo de Estado argentino. Su figura trasciende incluso a los integrantes de la Junta Militar, formada por los comandantes de las tres armas: el general Jorge Rafael Videla (Ejército), el almirante Emilio Eduardo Massera (Marina) y el brigadier Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica). Quizás por su juventud, su cara aniñada, sus ojos claros, su tez pálida o su ferocidad. Quizás una perversa mezcla de todas estas.

Con 23 años, el egresado n.° 4909 de la Escuela Naval Militar Argentina formó parte de la promoción número 100. Había ingresado el 2 de febrero de 1968 compartiendo aula con otros jóvenes ilustres como Carlos Guillermo Suárez Mason (h), Ricardo Cavallo y Adolfo Scilingo, hoy todos condenados por crímenes de lesa humanidad.

Con coraje y arrojo

la sangre fluirá,

pero los dobles pasarán

para siempre a la eternidad. (2)


El apodo que eligieron sus compañeros de armas fue “Chupaleta” (chupetín, paleta, etc.). Una perversa premonición de lo que fue su posterior accionar clandestino, porque en la jerga militar, secuestrar o desaparecer una persona era “chupar”. 


Alfredo Ignacio Astiz, conocido por sus compañeros bajo el alias de "Chupaleta".


Su foja de servicio es tan extensa como espantosa. Perteneció al grupo de tareas GT 3.3.2 que, bajo el mando del capitán de corbeta Jorge Eduardo “el Tigre” Acosta, hizo operaciones ilegales encubiertas. 

La “patota” llevaba a los secuestrados al centro clandestino de detención conocido como ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y muchos de ellos terminarían siendo víctimas de los denominados vuelos de la muerte. Una práctica de exterminio que consistía en arrojar al mar desde un avión a los detenidos con el objetivo de asesinarlos, eliminando al mismo tiempo las pruebas del delito. Previo a ser arrojados al vacío eran drogados con pentotal, una poderosa droga bautizada “pentonaval” por los asesinos. 

Así fue como Astiz se infiltró y se ganó la confianza entre los activistas de la iglesia de la Santa Cruz, uno de los pocos lugares que, por instancia de su párroco, Mateo Perdía, se convirtió en un espacio de resistencia a la dictadura. Astiz dijo tener un hermano desaparecido y, con el nombre de Gustavo Niño, participaba de las reuniones e incluso acompañaba las primeras rondas alrededor de Plaza de Mayo.


Caricatura de Alfredo Astiz tomado de la revista Rumbo al Mar perteneciente a la promoción °100 de la Escuela Naval Militar. Ejemplar ubicado en la Biblioteca de la Universidad de Austin, Texas, Estados Unidos.


Mientras los activistas coordinaban acciones para la publicación de una solicitada en el diario La Nación titulada “Por una Navidad en paz, solo pedimos la verdad” fueron secuestrados en un operativo clandestino. Era un grupo de doce miembros, entre los que estaban Azucena Villaflor de Vicenti, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga (fundadoras de Madres de Plaza de Mayo) y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. 

Larga e interminable es la lista de operativos clandestinos en los que participó, aunque no recuerde o no quiera recordar nombres. Un trabajo de todos los días. La rutina de la muerte repetida hasta el agotamiento. 

Irónicamente, el militar más aguerrido, el más efectivo y en sus palabras “… el hombre mejor preparado técnicamente en el país para matar a un político o a un periodista” (3), tuvo una participación intrascendente en el conflicto de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. En el Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur (conocido como informe Rattenbach), un dictamen hecho por la comisión acerca de las responsabilidades políticas, militares y estratégicas de la guerra de las Malvinas, podemos leer a fojas 277 que Astiz “rindió su tropa al enemigo, sin efectuar la debida resistencia” (4). En el buque inglés Plymouth, vestido con uniforme comando y barba, firmó el acta de rendición. 

Alfredo Ignacio Astiz hoy está preso en la unidad 31 del penal de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires. En el pasado mes de abril, pidió la prisión domiciliaria por pertenecer a un grupo de riesgo por su edad en el marco de la pandemia de coronavirus que azota a todo el planeta. El pedido fue rechazado por el Tribunal Oral Federal N° 5. 


Portada de la Foja 277.



Foja 277 del “Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur”.




(1). Fragmento entrevista de la periodista Gabriela Cerruti “Dos horas frente a un asesino”, publicada en enero de 1998 en la revista Tres Puntos.

(2). Fragmento “Marcha de la promoción 100”. Dobles hace alusión al doble cero de la promoción. Tomado del anuario Rumbo al mar. Publicado en 1971 por el Instituto de Publicaciones Navales del Centro Naval de Buenos Aires, República Argentina.

(3). Fragmento entrevista de Gabriela Cerruti “Dos horas frente a un asesino”, publicada en enero de 1998 en la revista Tres Puntos. Por estas declaraciones, Astiz sería expulsado de la Marina por el presidente Carlos Menem, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

(4). Textos e imágenes tomados de la revista Rumbo al Mar perteneciente a la promoción °102 de la Escuela Naval Militar.



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