Relatto | El cuento de la realidad

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Sur de Francia, cerca al río Ardèche, hace 26.000 años.

«Todo el clan con excepción de tres centinelas, está reunido en el claro a poca distancia de la entrada a la caverna. Los mayores, las mujeres, los cazadores, los niños y los lobos-buenos, todos observan mientras Tiamukaan, un niño de diez años de edad, se prepara. A su lado yace Sombra, el líder de los lobos-buenos, un animal grande de pelaje oscuro. Desde que era un cachorro escogió estar junto a Tiamukaan, el único humano al que obedece y esta relación es el motivo por el cual el niño ahora se someterá a la prueba. El cantador de espíritus murió de una calentura tres estaciones atrás, mientras atravesaban las montañas del pájaro que vuela en la noche. El clan no puede estar sin un cantador y dado que no hubo entrenamiento ni sucesión, el candidato obvio es Tiamukaan, el que habla con los lobos-buenos.

La caverna es un punto de peregrinación para el clan por el que pasan cada nueve estaciones durante sus extensas migraciones. Su interior es tabú, solo pueden entrar los menores, guiados por el cantador de espíritus, quien les canta historias sobre los de antes, que ven representadas en las paredes de la caverna. Ahora Tiamukaan deberá entrar solo, si los de antes lo aceptan, saldrá sano y salvo, convertido en el nuevo cantador.

Los mayores, las mujeres, los cazadores, los niños y los lobos-buenos, todos observan mientras Tiamukaan, un niño de diez años de edad, se prepara. A su lado yace Sombra, el líder de los lobos-buenos, un animal grande de pelaje oscuro.

El niño recibe la antorcha que le ofrecen y luego de darle una última mirada al grupo, se dirige a la entrada de la cueva. Sombra se incorpora de inmediato y lo sigue. Uno de los cazadores da un paso, como para tratar de detener al animal, pero este lo evade sin esfuerzo y le gruñe desdeñosamente. Sin más ceremonia, el niño y el animal se adentran en la cueva, iluminando la profunda oscuridad con la antorcha. El espectáculo es sorprendente, las paredes están cubiertas de imágenes de animales; el oso, los caballos, el bisonte, el venado, el mamut, el rinoceronte y otros animales que Tiamukaan no conoce. El único sonido es el ruido de sus pasos y los de Sombra, pues el piso está húmedo, cubierto de barro. Luego de recorrer el extenso pasadizo y tras contemplar con detenimiento las imágenes, los dos compañeros salen de la cueva y el clan vuelve a tener un cantador de espíritus para garantizar el éxito en la cacería…».

Imagen de la cueva Chauvet.

El anterior pasaje es una ficción, sin embargo, es una interpretación válida de un hallazgo que ha generado polémica en la comunidad científica. En 1994 fue descubierta una caverna cerca a la población de Vallon-Pont-d'Arc en el sur de Francia, se le llamó Chauvet, por el apellido de uno de sus exploradores. La cueva contiene por encima de 400 pinturas rupestres que fueron realizadas hace más de 32.000 años. Igualmente sorprendente, fue el hallazgo de dos juegos de huellas fosilizadas que recorren en paralelo un tramo de 45 metros en el interior de la cueva. Son las huellas de un niño de aproximadamente 10 años de edad, acompañado de un animal y ahí nace la controversia, pues muchos expertos opinan que era un perro mientras que otros tantos afirman que era un lobo.

Toda la vida he contado con la fortuna de tener perros en mi contorno. En 2006 adquirí una cachorra de English Springer Spaniel a la que llamé Guaraná, quien me acompañó durante 14 años, hasta su muerte. En diversas ocasiones, viendo a Guaraná, yo entraba en momentos de reflexión, tratando de entender la razón del fuerte cariño que nos profesábamos mutuamente. Esa misma pregunta desvela a genetistas, etólogos, neurólogos, biólogos, paleontólogos, antropólogos y arqueólogos, que en conjunto piensan que la respuesta puede estar en el origen mismo del can.

La cueva contiene por encima de 400 pinturas rupestres que fueron realizadas hace más de 32.000 años. Igualmente sorprendente, fue el hallazgo de dos juegos de huellas fosilizadas que recorren en paralelo un tramo de 45 metros en el interior de la cueva.

El perro más antiguo que es reconocido como perro por la mayoría de la comunidad científica, a la fecha, es el de Bonn-Oberkassel, que fue descubierto en dicha localidad alemana, en un entierro de hace 14.200 años que incluía los restos de una mujer, un hombre y un perro. Exámenes estratigráficos, isotópicos, genéticos y morfológicos no dejan duda en cuanto a la edad e identidad del animal. Sin embargo, se han encontrado muchos otros restos o pruebas de mayor antigüedad que dividen a los expertos pues no logran consenso en su identificación como perro o lobo. Son notables las huellas de la cueva Chauvet (26.000 años), así como los restos fósiles de Hohle Fels, Alemania (40.000 años), Goyet, Bélgica (36.500 años), Razboinichya, Asia Central (33.500 años) y Predmostí, República Checa (31.000 años), entre otros. Dado que no ha sido posible su plena identificación, un sector de los expertos acostumbra llamarlos protoperros o perros paleolíticos, mientras que otros los definen como lobos socializados, es decir lobos que han sido entrenados para vivir en sociedad con el hombre sin estar domesticados.

Lobo rupestre de la cueva de Font-de-Gaume.

Mark Derr es un escritor que ha dedicado 40 años al estudio del perro, escribiendo algunos de los más referenciados libros y artículos al respecto, con la ventaja de no tener el prejuicio de una disciplina específica. Al preguntarle sobre el origen del perro, me respondió: «En los últimos años, los científicos han buscado explicaciones sobre cómo ocurrió la evolución del perro, pero aún no tenemos respuestas satisfactorias sobre dónde, cuándo o cómo sucedió. Los registros arqueológicos datan de hace unos 35.000 años, pero parece que cada año trae un nuevo descubrimiento que retrasa la fecha. Hay indicios de que la cría selectiva por parte de humanos puede aumentar la sociabilidad entre una población de lobos, lo que podría haber contribuido a la aparición del perro».

El cánido apareció en lo que hoy es Norte América hace 40 millones de años y poco a poco se dispersó hasta estar presente en la mayor parte del globo. De tres subfamilias originales, dos se extinguieron y la tercera llamada Caninae es a la que pertenecen todos los cánidos actuales, como zorros, chacales, lobos, coyotes y el perro.

Dentro de los cánidos, el lobo se distingue por ser un superpredador que ha sabido adaptarse a los fuertes cambios climáticos producto de las glaciaciones cíclicas. La gran ventaja del lobo ha sido su disposición social, pues la manada no solo le brinda mayor seguridad a cada individuo sino también permite la caza de presas de mayor tamaño por medio de la colaboración.

Durante miles de años, el lobo compartió territorio y presas con otro superpredador, el Neandertal. La evidencia recolectada hasta el momento parece indicar que estas dos especies se evitaban en lo posible. Sin embargo, hace poco más de 42.000 años, un nuevo actor proveniente de África se esparció por el mundo, Homo Sapiens, el humano moderno. A diferencia de los neandertales, los humanos tenían una extraña afinidad con el lobo.

Los registros arqueológicos datan de hace unos 35.000 años, pero parece que cada año trae un nuevo descubrimiento que retrasa la fecha. Hay indicios de que la cría selectiva por parte de humanos puede aumentar la sociabilidad entre una población de lobos, lo que podría haber contribuido a la aparición del perro.

La paleontóloga Pat Shipman, reconocida autoridad y escritora de varios libros sobre la evolución y domesticación del perro, propone que esa afinidad del lobo y el humano les permitió a las dos especies convivir y colaborar, lo que eventualmente significó un proceso de coevolución que transformó al lobo en perro y dotó al hombre de ciertas características evolutivamente ventajosas. Incidentalmente, también significó la extinción del Neandertal, que no pudo competir con los humanos que contaban con la ayuda del lobo-perro para la cacería y protección. Al respecto la doctora Shipman me comenta: «Las personas que cazan con perros capturan más presas y pasan menos tiempo cazando que incluso las mismas personas con las mismas armas, pero sin perros. Por lo tanto, una fuente de alimento más confiable y menos tiempo dedicado a la caza serían una gran ventaja».

Hace pocos años se teorizaba que el lobo empezó a merodear los asentamientos humanos, buscando desperdicios, hasta que la proximidad les permitía entrar en contacto permanente. Esta teoría ha sido descartada pues múltiples pruebas arqueológicas demuestran que la relación del hombre y el lobo, así como la domesticación del perro, son muy anteriores a la agricultura y los asentamientos. Las dos especies se conocieron en la estepa y los valles, mientras que se desplazaban por grandes extensiones a la busca de presas y sustento.

Pruebas arqueológicas demuestran que la relación del hombre y el lobo son anteriores a la agricultura y los asentamientos.

Por qué la atracción e interacción inicial entre el humano y el lobo? Mark Derr manifiesta: «Me gusta decir que el perro es inherente al lobo, lo que quiere decir que en una situación en la que los humanos se encuentran con lobos, como lo habrían hecho a fines del Pleistoceno hace 30.000 años o más, un perro estaba destinado a emerger. Con toda probabilidad, la conexión con los lobos fue hecha por humanos individuales que tenían afinidad con los animales y por lobos individuales que no tenían miedo de acercarse a los humanos. Estos individuos más dispuestos a hacer alianzas y formar amistades más allá de su propia especie, probablemente sirvieron como un puente para que otros lobos y humanos en la vecindad interactuasen». Ambas especies compartían algunas características que seguramente generaban afinidad. Eran superpredadores, dueños y señores del territorio que estuvieran habitando; vivían en manada, estructurada en torno a la familia, bajo el mando de los más fuertes, pero protegiendo a los más débiles; cazaban en grupo aplicando eficientes tácticas que desconcertaban a las presas. Todas estas coincidencias seguramente generaban atracción y admiración en los humanos que observaban a los lobos. Derr afirma que los aborígenes australianos se refieren así respecto al Dingo, un tipo de perro salvaje: «El dingo es lo que seríamos si no fuéramos lo que somos».

Estos individuos más dispuestos a hacer alianzas y formar amistades más allá de su propia especie, probablemente sirvieron como un puente para que otros lobos y humanos en la vecindad interactuasen.

La profesora Bridgett vonHoldt de la Universidad de Princeton ha liderado un equipo de investigadores que han identificado ciertas características genéticas y genómicas que cuando se presentan en el lobo, generan hipersociabilidad, la cual hace mucho más probable la tolerancia e incluso el deseo de contacto con el humano. La doctora vonHoldt me explica: «La hipersociabilidad es la descripción de un individuo que solicita una interacción prolongada con otro individuo. En el caso de los caninos, los lobos grises que mostraban un mayor interés en vivir más cerca de los asentamientos humanos, portaban variantes genéticas que probablemente los predisponían a una mayor tolerancia e incluso a un deseo de interactuar con una especie diferente (es decir, humanos). Como se espera que estos lobos se hayan beneficiado de la asociación con los humanos, sus crías también nacieron con esta genética. El impacto de estos genes no es solo un mayor deseo canino de interactuar con los humanos, sino también una mayor amistad y vínculos sociales con los humanos. Este es un aspecto central que hizo posible que los lobos fueran domesticados en perros».

Dingo, un tipo de perro salvaje.

Es importante recalcar que la domesticación del lobo en perro no fue un evento único que ocurrió en una fecha específica. La domesticación fue un proceso que tomo probablemente miles de años y ocurrió paralelamente en múltiples lugares. Grupos o clanes humanos obtenían una camada de lobeznos y los criaban convirtiéndolos en lobos socializados. Aquellos que se mostraban agresivos o ariscos eran sacrificados o expulsados, mientras que los que eran afectuosos y obedientes, probablemente portadores de los genes de la hipersociabilidad, eran atesorados, facilitando su reproducción. De esta manera, ciertas características se fueron acentuando generación tras generación hasta lograr una combinación lobo-perro o protoperro, un animal que no era lo uno ni lo otro, pero que finalmente se convertiría en el perro que nos acompaña hoy en día. Es factible que el animal de la cueva Chauvet fuera un lobo-perro, la doctora Shipman comenta: «Mi conjetura es que el animal que dejó huellas en Chauvet no era un lobo sino lo que yo llamo un lobo-perro. No un híbrido genético (un progenitor lobo y el otro perro) pero lo más probable es que fuera un lobo parcialmente o incompletamente domesticado. ¡Pero esto es pura especulación!».

Ciertas características se fueron acentuando hasta lograr una combinación lobo-perro o protoperro, un animal que no era lo uno ni lo otro, pero que finalmente se convertiría en el perro que nos acompaña hoy en día.

La domesticación fue un proceso que transformó al animal. Desde el punto de vista físico, se presentó neotenia, que se define como: «Persistencia de caracteres larvarios o juveniles después de haberse alcanzado el estado adulto» (RAE). Se acortó y ensanchó el hocico, resultando en una mandíbula menor y dientes comparativamente pequeños; una frente abovedada y diversos tipos de orejas, cola, pelaje y coloración. No obstante, los cambios psíquicos fueron los trascendentales. El animal, como especie, dejó de ser territorial, aprensivo y agresivo para con el hombre, al contrario, este nuevo ser, el perro, busca la cercanía y compañía del humano. Ahora bien, los cambios evolutivos también afectaron a los humanos, la doctora vonHoldt comenta: «Hay muchas características de la evolución humana que se beneficiaron de tener asociación y acompañamiento con los lobos durante las fases iniciales y tempranas de la domesticación. Un conjunto imaginable de beneficios proviene de comportamientos de caza cooperativos y también en cuanto a la vigilancia o defensa del territorio». Y la doctora Shipman añade: «Nuestras habilidades de comunicación y el hábito de cazar en colaboración, obviamente están moldeados por nuestra coevolución con los perros. Ambos comportamientos implican una especie de "lectura mental" que es muy importante en los grupos humanos».

Mi conjetura es que el animal que dejó huellas en Chauvet no era un lobo sino lo que yo llamo un lobo-perro. No un híbrido genético (un progenitor lobo y el otro perro) pero lo más probable es que fuera un lobo parcialmente o incompletamente domesticado. ¡Pero esto es pura especulación!

La evolución del lobo al perro fue una estrategia evolutiva extremadamente efectiva. Hoy en todo el mundo hay aproximadamente 300.000 lobos, en cambio hay alrededor de 900 millones de perros. A donde ha ido el hombre, ha llevado consigo al perro, en algunos casos por sus contribuciones como cazador o guardián, pero en otros simplemente por el placer de su compañía. Cada vez se producen mayores esfuerzos por estudiar las diferentes facetas de este animal debido a la importancia que tiene para los humanos. El origen sigue siendo un interrogante, pero los avances tecnológicos nos acercan a una respuesta, la doctora vonHoldt dice: «A través de la genómica hemos aprendido sobre las mutaciones genéticas que dan a los perros su increíble diversidad en color, tamaño, forma, comportamiento y más. Con nuevos métodos de secuenciación, los científicos están secuenciando especímenes preservados y fósiles de caninos antiguos, para ayudar a aprender más sobre los caninos que vivieron hace cientos y miles de años, lo que puede ayudar a dilucidar muchos aspectos de cuándo y dónde surgieron los perros».

Guaraná / Archivo personal.

Mi perra Guaraná ya murió hace unos años y hoy otros perros me acompañan, sin embargo, no puedo evitar recordarla no como un objeto sino como una “persona” que, a pesar de no ser humana, poseía carácter, inteligencia, sentimientos, defectos y virtudes. No soy religioso y no creo que haya algo después de la muerte, pero si lo hubiera, si existiera el alma, estoy seguro que los perros también la tendrían y uno de los grandes placeres en el más allá sería nuestro reencuentro con los perros que nos acompañaron en la vida.

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