Relatto | El cuento de la realidad

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“La observación solar es muy peligrosa. Cualquier equipo mal usado puede dejarte ciego: puede llegar a quemar la retina. Y no hay vuelta atrás. No se trata solamente de la intensidad de la luz, sino también de la radiación ultravioleta e infrarroja que llegan y que se magnifican con un telescopio”.

La decisión de empezar con una advertencia esta introducción es de Eduardo Schaberger Poupeau, el fotógrafo del Sol. Pero, se sabe, toda buena tragedia indefectiblemente incluye la comedia.

—Hay un chiste en el ambiente que dice que con el Sol te podés equivocar dos veces: una por cada ojo —remata Schaberger.

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El fotógrafo del Sol nació en Rafaela, la tercera ciudad más poblada de la provincia de Santa Fe, en la Argentina. Dice que va a cumplir 48 años, aunque su barba recortada y el brillo en sus ojos lo hacen lucir de mucho menos. Empezó a estudiar fotografía a los 30 y desde entonces se gana la vida haciendo retratos de niñas y niños y, en general, fotos familiares.

Cuando eligió su primera cámara abrió una escisión en el pequeño universo de su profesión, porque todas las profesiones son pequeños universos. Rompió con lo clásico y se abrazó a la novedad.

—Me compré una cámara réflex digital cuando todavía los fotógrafos usaban cámaras de rollo —cuenta—. También me compré mi primer telescopio y, además de fotografía aficionada, empecé a hacer fotografía astronómica y dije “esto está bueno”.

Después el camino profesional lo fue llevando hacia otro lado, hasta que hace pocos años la astrofotografía empezó a ocupar un lugar central en su vida. Y si bien poner el ojo en sus telescopios es una afición, porque no gana dinero por hacerlo, actualmente le dedica tanto tiempo como el que le dedicaría a un trabajo.

—Siempre fui un enamorado de la astronomía; a los nueve o diez años ya tenía algún librito de astronomía, iba a la biblioteca de la escuela a buscarlos. Me crie con mis abuelos y, si bien nunca me faltó absolutamente nada, mi abuelo era albañil y el dinero no era justamente lo que abundaba. Es decir, comprar un telescopio en esa época era imposible. Pero mis abuelos siempre me impulsaron y recuerdo que tenía cuenta en una librería de mi ciudad, en Rafaela: podía ir y comprar libros. En aquellos años era algo típico, yo iba y elegía libros y después pasaba mi abuelo y pagaba. Tengo libros de astronomía desde esa época.

La observación solar es muy peligrosa. Cualquier equipo mal usado puede dejarte ciego: puede llegar a quemar la retina. Y no hay vuelta atrás".

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En 2019, el portal de la NASA y la Universidad Tecnológica de Míchigan APOD (Astronomy Picture of the Day o, en castellano, Foto Astronómica del Día) reconoció dos trabajos de Eduardo Schaberger Poupeau con una diferencia de dos semanas. Con la publicación en su sitio web, la agencia aeroespacial estadounidense premia a diario “una imagen o foto diferente de nuestro universo, con una corta explicación escrita por un astrónomo profesional”, según precisa en su página.

En primer término, el argentino fue distinguido por una fotografía en la que retrató el pasaje de la Estación Espacial Internacional (ISS) frente al Sol y, luego, el organismo volvió a elegir uno de sus trabajos como foto del día, en esta nueva ocasión por una captura en alta resolución que muestra una parte de la superficie de la Luna en la que se destacan los cráteres Langrenus y Petavius.

“Esta foto es un mosaico compuesto por seis imágenes, para cada imagen capturé 5000 cuadros para, posteriormente, procesar los mejores y obtener la imagen final”, relató el experimentado fotógrafo por aquellos días en su cuenta de Facebook.

“Obtener una APOD es uno de los reconocimientos más importantes dentro del mundo de la astrofotografía. Las fotos publicadas son elegidas por dos astrofísicos de la NASA y la explicación de la imagen la realiza un astrónomo profesional. Una APOD es un importante reconocimiento internacional, y recibir dos en tan poco tiempo me alienta a seguir esforzándome, trabajando para reflejar en mis fotos las maravillas de nuestro universo”, completó.

Además, el trabajo del fotógrafo del Sol fue reconocido por el portal Sky, que también administra la NASA, y una docena de sus imágenes fueron publicadas en sitios especializados de Estados Unidos e Italia.

Me compré una cámara réflex digital cuando todavía los fotógrafos usaban cámaras de rollo —cuenta—. También me compré mi primer telescopio y, además de fotografía aficionada, empecé a hacer fotografía astronómica y dije “esto está bueno”.

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En una típica sesión, Eduardo Schaberger Poupeau invierte unas tres horas y obtiene alrededor de 300 gigas de imágenes, un volumen de material que puede llegar a procesar en uno o dos días en el software que tiene cargado en un par de notebooks. Para obtener una imagen nítida apila varias gigas, es decir que en una jornada de trabajo obtiene dos o tres fotos.

—Podés hacer fotografía solar desde el patio de tu casa, no es como la fotografía nocturna que tenés que buscar un buen cielo. El mayor inconveniente de la fotografía solar es la turbulencia de la atmósfera; porque uno está tratando de hacer imágenes de alta resolución, buscando detalles finos de un objeto como el Sol, pero para eso hay que atravesar la atmósfera, que tiene distintas capas y se calientan en forma distinta.

Las diferencias de temperaturas generan corrientes de aire, chorros que se mueven de 10 a 60 metros por segundo, que son las que causan turbulencia.

—Son instantes en los que se puede hacer una foto nítida. Quizás durante mucho tiempo no se puede hasta que advertís que se estabiliza un poco la atmósfera y ahí clic, capturás.

A diferencia de la astrofotografía tradicional, que se hace de noche y para la que se buscan sitios alejados de la contaminación lumínica de las grandes urbes, Eduardo saca sus equipos por las mañanas. Lo ideal es fotografiar el Sol un par de horas después de que amanece, porque es el momento del día en el que todavía no calentó tanto la superficie y hay un equilibrio térmico. Si bien no siempre es igual, porque varía a diario, en ese momento del día hay más chances de tomar una buena captura.

—El Sol es muy atrapante porque es muy dinámico; en torno de él ocurren fenómenos que pueden aparecer y desaparecer en horas, incluso minutos. Además, el Sol es la única estrella de la que podemos ver imágenes en detalle. Las demás estrellas que son visibles en las noches, aun usando buenos telescopios, son apenas discos borrosos. Del Sol podemos ver su estructura, sus formas, sus detalles. Y cambia continuamente. Por esto es muy apasionante el Sol. En cambio, por ejemplo, si fotografiamos la nebulosa de Orión ahora y dentro de 100 años, o la comparamos con una foto de hace 100 años, va a ser igual. Y si fotografiamos una prominencia del Sol, quizás, pasada una hora no esté más y nunca más vaya a estar. Va a haber otra distinta.

Y no es que tenga algo personal contra la nebulosa de Orión, pero con otro ejemplo cree saber el origen de la decepción de mucha gente en su intento por hacer astrofotografía nocturna.

—Otra cuestión que tiene la astrofotografía es que si hacés foto nocturna y querés fotografiar una nebulosa, cuando ponés el ojo en el telescopio no ves nada. Porque el ojo humano no es sensible a la poca luz que tienen las nebulosas ni al color. Entonces, si mirás la nebulosa de Orión, la más famosa, se ve una mancha como una nubecita y nada más. Pero en el caso del Sol, por ejemplo, los detalles que se ven en las fotos se aprecian desde el mismo momento que estás capturando. Entonces, fotografiar el Sol también tiene que ver con esto, con ver la pantalla, el entretenimiento está ahí.

El mayor inconveniente de la fotografía solar es la turbulencia de la atmósfera; porque uno está tratando de hacer imágenes de alta resolución, buscando detalles finos de un objeto como el Sol, pero para eso hay que atravesar la atmósfera, que tiene distintas capas y se calientan en forma distinta.

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Los equipos de fotografía solar son muy caros: no hay metáfora para expresar esto. No se fabrican en la Argentina y solo hay un distribuidor que los trae de afuera. A lo largo de los años, el fotógrafo del Sol optó muchas veces por comprarlos en el exterior y pagar, además del precio por cada instrumento, el impuesto correspondiente que impone la aduana por el ingreso al país.

Así, comprar telescopios, lentes, cámaras y filtros en los Estados Unidos o en algún país de Europa tiene su contrapartida.

—Esto tiene un riesgo: no puedo equivocarme. Estudio mucho antes de hacer una compra porque una vez que la hago, si llega y no funciona o no es lo que creía, no lo puedo devolver. Es decir, sí puedo: devolverlo implicaría pagar exactamente lo mismo que cuando lo compré. Esto también pasa si tiene una falla. Por eso, tengo que saber muy bien lo que estoy comprando, y si es compatible con mis equipos. Requiere mucha investigación previa para saber si va a servir para lo que uno quiere.

Entre los equipos que tiene, Eduardo posee un telescopio solar que está en el rango de los 3.500 dólares; en tanto, un filtro H-alfa para un telescopio más grande está en el orden de los 1.500 dólares, un valor similar al que adquirió su filtro de calcio. Quizás, de todo el instrumental, las cámaras astronómicas son las más asequibles, con valores que rondan entre los 800 y 1.000 dólares. El fotógrafo del Sol, por caso, tiene cuatro cámaras de distintos tamaños para diferentes usos: de acuerdo con el objetivo, un equipo es más adecuado que otro.

—Son instrumentos caros, y no es que me sobre, pero no gasto más que en eso.

Es interesante fotografiar el sol con diferentes longitudes de onda.

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Aunque se haga de noche, se sabe, el Sol siempre está. Y está, para ser exactos, desde que se formó hace unos 4.600 millones de años. Desde entonces, sustenta casi todas las formas de vida de la Tierra a una distancia que se calcula en 149,6 millones de kilómetros. En su núcleo, la temperatura alcanza los 15 millones de grados centígrados, aunque en su superficie tiene una temperatura de 5.500 grados centígrados.

El disco todopoderoso tiene, para más datos, un diámetro de casi 1,4 millones de kilómetros, mientras que la Tierra tiene 12.742 kilómetros.

—Con filtros que bajan la luminosidad puede verse la fotósfera solar, que es una capa de la atmósfera solar, que es considerada la superficie del Sol porque es la que nos ilumina. Pero por sobre la fotósfera está la cromósfera, que solo puede verse con telescopios especiales que filtran toda la luz que llega y solo permite ver la luz que emite el hidrógeno. En la cromósfera es donde se ven las protuberancias y el plasma que está en la superficie y que se arremolina en torno a los campos magnéticos que tiene el Sol. Ahí se pueden ver las erupciones solares, cosa que en la fotósfera no se ve. Pero en la fotósfera pueden verse manchas, y la granulación. En la longitud de onda del calcio puedo ver las fáculas, puedo ver las zonas conocidas como playas, que son como espumas magnéticas que están junto a las manchas solares. Y con el filtro H-alfa puedo ver la cromósfera solar con sus erupciones, prominencias, filamentos. Y para esto voy pasando de un telescopio a otro; es decir que uso dos o tres telescopios distintos para hacer fotos.

Como la turbulencia es tanta, no se puede hacer solo una foto. Por eso, Eduardo pone en práctica una técnica que se usa para fotografía planetaria llamada lucky imaging, traducida como imagen afortunada, que consiste en hacer pequeñas secuencias de video con cámaras astronómicas. Entonces, para una toma hace entre 1.500 y 2.000 frames o cuadros. Luego de la sesión, vuelca el material a la PC y el software lo analiza para arrojar un gráfico que da cuenta de la calidad de las imágenes. En base a esto, el fotógrafo del Sol decide, por ejemplo, apilar un 5 por ciento o un 10 por ciento de las imágenes y el resto lo descarta.

—Esto sucede porque hay momentos, instantes, en que la atmósfera se estabiliza y ahí tenés un frame bueno. Pero una décima de segundo después hay turbulencia y el frame es malo.

Aunque se haga de noche, se sabe, el Sol siempre está. Y está, para ser exactos, desde que se formó hace unos 4.600 millones de años. Desde entonces, sustenta casi todas las formas de vida de la Tierra a una distancia que se calcula en 149,6 millones de kilómetros.

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El 14 de diciembre de 2020, desde las 11:50, el cielo de Río Negro empezó a oscurecerse hasta que, pasadas las 13, la Luna ocultó por completo el Sol en lo que fue el clímax del eclipse total de Sol. Aquel lunes, la noche repentina cayó como un manto sobre la Patagonia argentina durante 14 minutos. Desde que inició hasta que finalizó, el eclipse tuvo una duración de casi tres horas. Río Negro volverá a vivir algo así recién en el año 2103.

En Rafaela, la ciudad donde vive el fotógrafo del Sol, el eclipse fue parcial. En la Argentina, con la merma de contagios de coronavirus, el Gobierno había decidido abrir algunas restricciones.

—Eran los días en que recién habían habilitado viajar y no quise arriesgarme. Era un viaje largo y costoso hasta Río Negro. Lo vi desde Rafaela y me dio la posibilidad de hacerlo con tres telescopios distintos. Hice la foto del eclipse parcial en su momento de totalidad, es decir, el momento en el que la Luna cubrió la mayor superficie del Sol, que fue de entre el 70 y el 76 por ciento: se ve una medialuna, una toma que hice en H-alfa, algo que no es tan común, y se aprecian las protuberancias y prominencias. Si bien desde esta posición fue un eclipse parcial, el portal Sky de la NASA publicó una de las fotos que tomé ese día. Además, fue elegida como foto del día en Solar Activity, un grupo de Facebook creado por astrofotógrafos norteamericanos en el que participan personas de todo el mundo. Y también la eligieron como foto astronómica del día en Italia.

El 14 de diciembre de 2020, desde las 11:50, el cielo de Río Negro empezó a oscurecerse hasta que, pasadas las 13, la Luna ocultó por completo el Sol en lo que fue el clímax del eclipse total de Sol.

—Cómo manejás el equilibrio entre hacer una tarea como sacar una foto y disfrutar el momento?

—Es complicado. Sobre todo en fotografía solar porque es muy técnica y tenés que estar muy pendiente de lo que estás viendo, encontrar el momento en el que se estabiliza la atmósfera para hacer clic y disparar la secuencia de video. Estás permanentemente monitoreando la pantalla de la computadora. Porque esa es otra cosa, las cámaras astronómicas se manejan a través de una PC, no tienen pantallas: se conectan a la notebook y manejás todo desde ahí. Entonces, prácticamente no vi el eclipse con mis ojos, sino a través de la pantalla.

—¿Qué desafíos tenés en el horizonte?

—Mi objetivo es llegar al 2025 con un equipo más grande que el que tengo ahora porque, hacia la mitad de la década, el ciclo va a estar en el máximo de energía solar. Es decir, el Sol tiene ciclos de actividad de 11 años y yo empecé a hacer fotografía solar en el mínimo solar, cuando no había nada o muy poca actividad. Empezamos el nuevo ciclo a fines del 2019 y el máximo de actividad estará entre 2024 y 2025: será un espectáculo para fotografiar. Entonces, me gustaría llegar con un equipo más grande que me permita más detalle de las manchas solares. Podría decirse que ahora me estoy entrenando.

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